Oratorio.

I

El ángel toma la voz de Hanna y dice: 

                              -Nos es difícil llegar hasta aquí. Hay demasiada densidad.

                                                                                                          Diálogos.

     

      En algún lugar de Budapest, durante la segunda guerra mundial, cuatro jóvenes húngaros se reúnen a escuchar lo que una inteligencia inorgánica les comunicará por última vez antes de que tres de ellos sean empujados hacia la muerte. No es la primera vez que hablan. La naturaleza y procedencia del interlocutor permanece inabordable aún después de meses de diálogo, pero la autoridad de la voz está fuera de cuestión: habla con una fuerza que no es de aquí abajo. La voz abre todo  lo que está cerrado y frente a un mundo que se cae a pedazos no otorga consuelo, aporta luz. El ángel dice que para acceder a este reino denso es necesario, incluso para él, hacer un esfuerzo. La consistencia sutil de su naturaleza debe realizar un enfoque, un ajuste en su velocidad para permanecer ante la materia densa un lapso perceptual lo suficientemente extenso en el tiempo para ser advertido por los seres mortales como una subjetivación de conciencia individuada, es decir, para poder ser entendido como un otro y que la interacción sea posible. Es necesario hacer un acto de equilibrio excepcional: saltar al vacío y detenerse justo en la intersección que separa los mundos para intentar ser observado por las criaturas fijas en la continuidad extensiva del espacio, cuyo desarrollo depende de una sucesión determinada de eventos. Un exceso en la fuerza autoafirmativa del ángel podría herir y lastimar, ocasionando una sobreexposición de la mente mortal ante la simultaneidad dimensional y fracturarla debido al miedo. Por eso el espíritu debe atenuarse. La simultaneidad genera efectos similares a los del fenómeno de la bilocación, mediante la cual es posible almacenar recuerdos que se recogen en dos espacios distintos asociados a una única derivación temporal (estar en dos lugares al mismo tiempo). Pero a diferencia de la bilocación, que es horizontal, la simultaneidad posee una cualidad vertical e imprime en la conciencia unidades perceptuales plurivalentes originadas por experiencias en ámbitos multisegmentados de la realidad. Algo cuyo impacto vivencial el individuo humano no está preparado para resistir pero la identidad angélica sí. Los humanos reciben la manifestación con un efecto de retardo, igual que cuando vemos en el cielo estrellado la fulguración de la luz que emana desde el pasado remoto, la realidad se aglutina configurándose como una narrativa sólo después de reflejarse en  la memoria personal y reordenarse en un esquema interpretativo que asegure la estabilidad de la percepción . Es decir, vemos el camino, pero reflejado en un espejo mientras caminamos hacia atrás. En un lugar de Budapest, mientras reciben lo que un hombre puede recibir de un ángel, los cuatro jóvenes se miran a los ojos para asegurarse de que lo que siente uno también lo siente el otro. Morirán igual, y la que sobreviva lo hará sólo para contar lo que ha escuchado.

II

      Una religiosa polaca, Faustina Kowaslka, hace en su diario un relato acerca de una noche en la que se encontraba sujeta a una tristeza muy profunda  mientras estaba en su celda. La santa, de rodillas y con la frente en el piso debido a la extraordinaria presión anímica que golpeaba sobre su corazón, lloraba intensamente y pedía consuelo. En un momento, la voz de una presencia angélica  que la humana era capaz de escuchar y ver en su forma específica, le dijo: -El Señor dice te levantes. Ante la severidad del comando que, para nosotros, podría ser desproporcionado y tajante, Faustina abre su voluntad al requerimiento de la divinidad y se pone de pié.  Ahí donde el mundo vería un frío mandato, la santa ve al Infinito hablarle mediante la gravedad de su enviado. El ángel, en este caso, actúa como el cauce que conduce el mensaje de la Fuente hacia la creatura y garantiza su retorno. -El Señor dice te levantes. La orden, luz inalterable y perfecta, proviene de lo que el ser humano no es y viaja desde sí misma hacia sí misma atravesando el espesor del universo. Es el Señor el que habla para sí en el corazón de Faustina y se dice: -Levántame, la vida tiene sentido.

III

      Albina es  un héroe de guerra.  Tiene dieciséis años. Su rostro atestigua el íntimo contacto con las fuerzas marciales. El ojo derecho y estrábico debido a la onda expansiva  no te dirige la atención, mira hacia otra parte a la que no tendrás acceso mientras vivas. El ojo izquierdo, en cambio, abre su luz directa y te encandila, llamándote a permanecer inmóvil y dejarte atravesar. Hazte accesible a  su poder. No tienes nada más que hacer, no puedes hacer nada más. Hoy tienes frente a ti lo que pediste. Eres ante la Luz un animal de presa.

 

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